Según reportes de  organizaciones defensoras de derechos humanos, solo en el mes de noviembre de 2021 al menos 27 nicaragüenses reportaron haber sufrido algún tipo de secuestro mientras cruzaban de manera irregular la frontera México – Estados Unidos. Una realidad que Galería News  en colaboración con nuestra plataforma aliada Intertextual, evidencia desde los relatos de angustia de algunos de sus protagonistas que en distintos momentos del año 2021 fueron víctimas de secuestro por carteles mexicanos.

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 Managua, Nicaragua / San José, Costa Rica.- El pasado 2021 no fue el mejor año para intentar cruzar a Estados Unidos. Sólo en el mes de noviembre 27 nicaragüenses reportaron haber sido víctimas de secuestro, cinco familias denunciaron públicamente que eran extorsionadas por carteles mexicanos para canjear la libertad de sus familiares por importantes sumas de dinero.

“Esos son los casos que conocemos, ¿Y los que no denunciaron?” se pregunta Gonzalo Carrión, abogado defensor del colectivo de Derechos Humanos Nicaragua Nunca Más. Para el activista, “aquello es una verdadera tragedia de la que muy poco se sabe en realidad”.

A finales de noviembre de 2021,  la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, CNDH, con sede en México dio a conocer en un informe que, en la última década, unos 70 mil migrantes fueron traficados o secuestrados en México. A su vez, el Instituto Nacional de Migración, INM, también de ese país, señaló que en 2018 cuatro de cada 10 migrantes atendidos por ellos fueron víctimas de secuestro.

La mayoría de los secuestrados, según la CNDH, provienen de Guatemala, El Salvador, Honduras, Nicaragua y en algunos casos de Cuba. Las organizaciones señalan que los emigrantes pagaron entre 4 mil y 5 mil 500 dólares a un coyote para que este los ayudara a hacer la travesía. Varias víctimas acusan a los mismos traficantes de personas de ser quienes facilitan los secuestros que son ejecutados por integrantes de maras y organizaciones criminales como Los Zetas, uno de los más temidos por sus acciones sangrientas.

La angustia del secuestrado eleva las ganancias para el crimen organizado

La última vez que Verónica Herrera habló tranquilamente con su hermano Bismarck Contreras Herrera fue el 11 de diciembre. Eran las 4:00 de la tarde y en esa comunicación quedaron en que se hablarían días después, preferiblemente cuando él, junto a su amigo Herling Francisco Torrez, estuvieran a punto de cruzar la frontera o de ser posible, ya del otro lado. Pero nada de eso pasó, aunque sí, hubo una llamada.

Del otro lado de la línea, a Bismarck le temblaba la voz. Verónica oyó a su hermano “quebrantado”, dice. “Me llama y me dice que el Grupo “Los Z” los tienen a él y Herling y que, si no pagamos 5 mil dólares por cada uno, los matarían”, relata Verónica. Agregó que el amigo de su hermano, fue obligado por los secuestradores a hablar con su familia. Le obligaron a decir que también debían reunir 5 mil dólares para pagar por su liberación. 

Un doble secuestro que garantizó diez mil dólares de ganancia para los carteles mexicanos.

Bismarck y Herling no son los únicos nicaragüenses  que durante el año pasado enfrentaron esta situación, Oscar y David, dos hermanos originarios de Granada  pasaron 20 días viajando de un punto a otro, encerrados hasta tres días en pequeñas bodegas, mientras dosificaban el oxígeno que respiraban junto a 100 y a veces hasta 120 emigrantes más. Comían un solo tiempo por día  y dormían a ratos sentados,  a ratos de pie. “Una pesadilla  que solo habíamos visto sufrir en películas pero es una realidad horrible”, afirma Oscar.

Ninguno de estos jóvenes parece exagerar cuando relatan los horrores que han vivido y los comparan con películas hollywoodenses. Por ejemplo, Verónica Herrera dice que su hermano Bismark creyó que el día que lo secuestraron, sería el último de su vida. Contó que ellos iban a bordo de un bus y una camioneta modelo Tacoma en la que viajaban varios hombres, los seguían. “Más adelante, otras cuatro camionetas esperaban. Hicieron parada y los bajaron a todos. A ellos dos los subieron a uno de los vehículos y se los llevaron. Solo hasta el día siguiente, les permitieron hablar”, relata Verónica claramente conmocionada por lo que su hermano ha vivido desde entonces.

Herrera señala que su hermano había vivido días difíciles antes, que de seguro empeoraron con su rapto. “Avisamos a gente en Nicaragua y otra gente amiga en Costa Rica, comenzó la lucha por reunir el dinero. Es difícil esto porque uno no lo tiene, ni los bienes para poder decir tengo este solar voy a ponerlo para que me presten dinero sobre esto, uno no tiene nada”, se lamenta la nicaragüense.

Bismarck Herrera salió de Nicaragua con 500 dólares en la bolsa. No solo buscaba un mejor porvenir para su familia, huía también de la feroz persecución que la dictadura de Daniel Ortega desató contra quienes se unieron al levantamiento cívico que en abril de 2018 alcanzó su máxima expresión. “Son muchachos muy valientes”, dice su hermana, quien mientras habla pareciera todavía estar rodeada por un mal presentimiento. “Me aterra la idea que mi hermano no esté bien, que lo estén lastimando, no quiero que nada malo le pase”, agrega.

“La gente está huyendo de un país que no ofrece empleos, un gobierno que no busca soluciones a los problemas y encarcela a su gente”, dice al respecto el analista Oscar René Vargas; quien cree lo mismo que otros especialistas y es que “la cantidad de nicas que están saliendo del país en los últimos meses llega a números abrumadores desde el año 2018”.

 

Gonzalo Carrión afirma que “se pueden contar por miles, hablamos de 150 mil a más, hay organizaciones que hablan de 200 mil hasta el mes de noviembre. Es una barbaridad”, critica Carrión, no es el único, Tiziano Breda, analista de Crisis Group para Centroamérica, declaro para la agencia de noticias Infobae que unos 60 mil nicaragüenses fueron detenidos por las patrullas fronterizas de Estados Unidos y que eso es “un indicador significativo”.

 

En el reporte publicado a mediados de noviembre pasado, se indica que solo en julio de 2021, 13, 338 nicaragüenses fueron arrestados por intentar el cruce ilegal, una cantidad 52 veces mayor que los detenidos por esa misma razón en el año 2020.

A partir del segundo semestre de 2021 los reportes periodísticos que daban razón de nicaragüenses secuestrados y sus familias suplicando por ayuda para reunir  «dinero por rescate» fueron más frecuentes que en otros meses.

Secuestros colectivos

Junio de 2021 despuntó con la historia de siete nicas entre ellas dos mujeres y la hija de una de ellas, que estaban en manos de cárteles mexicanos. La madre de la joven matagalpina Gerlenis Jiménez contó que su hija y su nieta salieron del país en busca de una mejor vida. Por cada una, los secuestradores pidieron 10 mil dólares. 12 días después lograron su libertad.

Entonces los secuestros masivos de emigrantes nicaragüenses se hacían continuos, el  3 de noviembre, se conoció que un matrimonio originario de Tipitapa y su hija también cayeron en manos de los carteles. Junto al matrimonio compuesto por Javier González, su esposa Dayanara Ortiz y su hija, también fue secuestrado Magdiel Ortiz, hermano de Dayanara. Por la familia, el cartel pidió 20 mil dólares.

A mediados de noviembre, se conoció que la expresa política Ana Gabriela Nicaragua junto a su esposo y su hijo estaban retenidos por un peligroso grupo en México que pedía 5 mil dólares por cada uno de ellos. Cinco días después, Nicaragua y su familia fue liberada, tras una negociación con sus raptores.

 

Por esos mismos días, Flor de María Pravia Ruiz y su sobrino Lester Daniel Mejía Pravia ambos originarios de Matagalpa fueron secuestrados en la frontera México – Estados Unidos su captores exigían13 mil dólares para liberarlos.

 

Veinticuatro mil dólares era la suma que los secuestradores de Denis Antonio Miranda, de 29 años, su esposa Esperanza Traña y sus dos hijas menores de cinco años exigían a sus familiares en Managua. Su rescate al igual que el de las otras personas señaladas en este reportaje fueron pagados.

 

“Lo primero a decir es que estas familias se fueron para mejorar su economía y quizás se endeudaron, no solo las deudas esperarán más tiempo, sino que, además, se generan más, porque es difícil pensar que tengan a mano 5 mil dólares…se les complica más”, comenta un economista consultado para este tema.


A lo económico se suma lo psicológicos Roberto Ordoñez psicólogo clínico, explica  que el drama que sufren las familias con un secuestro de este tipo es doble, porque afecta a quienes lo padecen directamente, igual que al resto de familiares que deben correr para conseguir el dinero para su rescate. “Hay angustia, se sufre de ansiedad, hay estrés, porque la vida de un ser querido está en peligro, pero además el secuestrado también sufre por la amenaza de padecer”, explica.

Ordoñez llama la atención en el hecho de que hay secuestros en los que se cuentan a niños y niñas como víctimas. “Se vive un trauma, y claro habrá secuelas de ese trauma, aunque en algunos casos la liberación ha sido rápida son horas difíciles que marcan la vida de esos niños, es lo que llamamos trauma”, asegura el especialista.

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