Los bosques de pinos están directamente vinculados con los ríos. Son grandes infiltradores de agua. El biólogo mexicano Jesús Dorantes López, calcula que un pino puede ingresar hasta 70 litros de agua al subsuelo en dos días, dependiendo del tamaño y follaje del árbol. “Uno de 20 metros y copa regular lo puede hacer”, señala. Una hectárea de bosque normal puede contener entre 400 y 600 pinos, conservarlos o talarlos hace la diferencia para que las fuentes de agua cercanas subsistan o mueran, advierte el biólogo.

“En el caso particular de Nueva Segovia no hay agua subterránea. El subsuelo es rocoso y no se puede perforar. Alrededor de 300 mil habitantes de ese departamento dependen de las fuentes de agua superficiales alimentadas, pero los daños al bosque ya son evidentes”, afirma Emiliano Salas.

“Para que un árbol de pino adquiera su madurez puede tardar entre 30 o 50 años. Una sola motosierra destruye en 10 minutos un recurso que tardará 50 años en reponerse”, señala Jaime Incer Barquero, ex asesor ambiental del régimen de Daniel Ortega y presidente de la Fundación Nicaragüense para el Desarrollo Sostenible (FUNDENIC), cuya personería jurídica fue recientemente cancelada por el régimen de Daniel Ortega.

Jaime Incer Barquero, premio National Geographic, dice que hay “un desastre ambiental en la cordillera de Dipilto y Jalapa”.

 “Los aserríos están operando ilegalmente, causan un gran daño a la comunidad, destruyen el bosque que con facilidad agarra fuego entonces prácticamente todos nosotros sufrimos”, refiere Vladimir Chinchilla.

El río Mozonte se está secando debido a la deforestación, agrega Chinchilla. “Desde donde empieza la cordillera, hasta la montaña donde están los bosques latifoliados. Allí los finqueros están haciendo tala rasa para sembrar café, y si es abajo, el pino lo están cortando” denuncia.

A raíz de la desaparición de los pinares “más de 10 comités de agua potable colapsaron en el 2021 en el municipio de Jalapa, mientras en San José de Cusmapa hay viviendas con un máximo de cuatro horas de agua”, afirma Zenayda.

“Nos encontramos en serios problemas. El agua no está llegando en días o semanas debido al despale. Las comunidades ubicadas al sur de Mozonte están afectadas, hay sitios donde tienen ganado y los animales deben acudir a lugares lejanos”, refiere Paloma. “Como mujeres pensamos en el futuro de nuestros hijos, de nuestras descendencias ¿Qué pasa si Nicaragua en 10 años ya no tiene agua? ¿Qué pasa con el futuro de nuestros hijos y el futuro de este país? Es agobiante, No vamos  por buen camino”, dice angustiada.

Una buena parte de las comunidades segovianas son agrícolas, sobreviven de la siembra de hortalizas y granos, y con el río seco no se puede producir nada. “En años anteriores, dándole uso al recurso hídrico, sembramos hasta 30 manzanas, ahora sembramos la mitad porque el agua no da abasto”, lamenta Joaquín Loría.

La Tala De Pino Es Progresivo

El científico nicaragüense, Jaime Incer Barquero, señala que las sierras de Dipilto y Jalapa y las mesetas de Cusmapa y Estelí, son montañas cuya altura oscila entre 400 y 500 metros sobre el nivel del mar. Estas poseían una cobertura forestal suficiente para captar la humedad de la atmósfera a través de su follaje, filtrarla y crear depósitos de agua subterránea, que es el agua que bebe la gente que habita en sus alrededores. Sin embargo, cada vez hay menos agua. “La destrucción forestal traerá una crisis severa y se pronuncia más por los cambios climáticos. Puede haber veranos muy  secos, puede pasar que los ríos grandes, como el río Coco, se sequen”.

Incer Barquero lamenta que, desafortunadamente, estas áreas nunca fueron protegidas. “Allí cualquiera se mete y se lleva lo que quiere, y a veces desgraciadamente con conocimiento y anticipación de  autoridades locales. No tienen la capacidad de ver la tragedia que está sobre ello”. 

En el campo o la ciudad, la sed azota sin clemencia. En marzo de 2022, mientras este medio hacia el reporteo de campo, pobladores del barrio René Barrantes de Estelí se quejaban por la ausencia del vital líquido. Una anciana declaraba a Telenorte que la situación se había agravado en los últimos seis meses. “En invierno, el agua a veces viene, pero en verano viene un chorrito que apenas sale de la llave”. El testimonio de la mujer es la evidencia de que cocinar en un barrio o sembrar en el campo, son tareas difíciles cuando escasea el agua.

La población es la víctima de todo lo que está sucediendo con el consentimiento y aprobación de las autoridades locales que se prestan por unos pesos más a tolerar que se metan en áreas protegidas, dice Jaime Incer.

Incer sostiene que es de conocimiento internacional que Nicaragua no resguarda sus áreas protegidas. “Es una vergüenza, en todos los foros a los que yo he asistido miran a Nicaragua como un país  condenado literalmente a la perdición, si no hay agua no hay nada, ni doméstica, ni de consumo humano, ni para disposición comercial ni para usos agrícolas”, asegura el experto.

Protestar masivamente por la falta de agua y el despale debe ser una acción de presión de la ciudadanía, sin embargo, hasta este derecho ha sido cortado en Nicaragua. En la zona impera la impotencia, pues nada de lo que digan es escuchado y nada de lo que hagan es respaldado. “Nosotros nos sentimos impotentes, no hay quien los frene, ni quien los pare. La corrupción viene desde arriba. Si no tenemos autoridades comprometidas con el medio ambiente nuestra situación no va a cambiar. En la zona de Nueva Segovia ya deben llevar agua en pipas”.

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Incer señala que las empresas madereras son solo un eslabón del ecocidio en la Cordillera de Dipilto y Jalapa, también está la agricultura extensiva, los monocultivos para la producción de granos y vegetales, la industria tabacalera que sostiene a la zona económicamente, las que, a su vez, también serán víctimas del desastre cuando no tengan suficiente agua, vaticina Jaime Incer.

Incer predice que, de continuar la tala indiscriminada en toda la parte de Nueva Segovia desde el nacimiento del Río Coco, pasando por Wiwilí, y quizás más adelante, hará que el río se seque en su totalidad. “Recuerdo aquel rio Coco hace  años, pasando bajo el puente de Ocotal, decíamos con orgullo que era el río más largo de Centroamérica, ya no lo es”, dice apesarado.