Por: Oscar Navarrete y Abigail Hernández

Caribe Norte, Nicaragua.- Nicaragua ha experimentado el impacto de cuatro huracanes catalogados como extremadamente peligrosos, Fifi, Juana, Félix y Mitch. El impacto de estos ha sido medido desde cifras económicas y por tanto sus afectaciones a la agricultura, la ganadería e infraestructura.

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Pocas veces se profundiza en evidenciar las afectaciones humanas, referidas al impacto psicosocial, económico y de salud, en personas más vulnerables y con menor acceso a los recursos y oportunidades, entre los que se encuentran las mujeres indígenas, adolescentes, niñas y niños.

Aquí una mirada desde el lente de Oscar Navarrete, de lo que lo que Eta e Iota el huracán más destructivo de la historia de Nicaragua no logró destruir; la magia de la vida en las comunidades miskitas, que aunque asustadas por la destrucción, siguen luchando por la felicidad.

A cinco meses del paso de los huracanes Eta e Iota por Nicaragua, el régimen sandinista sigue sin dar cifras claras sobre los daños totales acumulados, pérdidas económicas y necesidades de atención social.

Hasta diciembre de 2020 el gobierno estimaba pérdidas económicas de 742 millones 671 dólares. Desde entonces el régimen sandinista sigue sin pronunciarse sobre la situación real de los daños en las comunidades indígenas del Caribe Norte, sin embargo, organizaciones humanitarias como el Movimiento de Mujeres Nidia White afirman:

“la gente en las comunidades perdió toda su producción debido a la destrucción dejada por el exceso de lluvia y vientos huracanados, están preocupados también porque en febrero era el mes adecuado para la siembra de yuca, y quequisque, no lograron sembrar porque no tienen semillas y las hectáreas donde ellos van a sembrar aún están dañadas, hay mucha agua acumulada”.

Alrededor de 40 mil familias están en una situación de alto riesgo de seguridad alimentaria en la zona después del paso de los huracanes,

En full color, la destrucción no luce diferente, sigue siendo igual de dolorosa, Navarrete lo sabe y lo capta en imágenes para la historia.

Iota no solo cambió la superficie de las barras de Wouhta, Haulover, Karatá, Wawa Bar o destruyó el muelle de Bilwi y su barrio, revolvió el corazón de las mujeres miskitus que siguen luchando por mantenerse en pie y resguardando la inocencia de sus hijos e hijas a pesar de la pobreza, las violencias estatales y la indiferencia social que enfrentan.

Las ganas de subsistir, imponerse a la destrucción y luchar por retomar las riendas de sus vidas es la magia de la fuerza miskita que Eta e Iota no lograron arrasar.

Iota no pudo destruir la unidad familiar | |©Oscar Navarrete| Galería News

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