En un tugurio de miseria y desesperanza, una madre está hastiada de ver llegar golpeado a su hijo, un niño de limitado desarrollo físico por desnutrición. Envenenada en rabia por los abusos de niños más grandes y desalmados, decide un buen día darle un regalo de cumpleaños que marcaría la vida de su vástago: un machete. Tres días bastaron para estrenar el arma y crear un monstruo.

En una pocilga del mismo asentamiento inhumano al que por ironía bautizan Venecia, otra madre hace lo mismo e inicia a su hijo en un ritual macabro con la sangre de un animal sacrificado, para otorgarle poderes de supervivencia y quitarle el miedo a la sangre y la muerte. Y así se engendró un demonio.

 

TARDECER EN VENECIA_ABIGAIL HERNÁNDEZ_GALERIA NEWS_ILUSTRACION

La novela combina magistralmente lo peor de dos mundos que se mezclan a diario en Nicaragua; la miseria de los barrios y el lujo de los residenciales.

Con un humor inquietantemente gris, la novela va hilvanando con destreza y lenguaje descarnado los vistosos hilos de la corrupción y el salvajismo

La corrupción moral, la podredumbre institucional y los matices culturales de una sociedad sin leyes, se fusionan en una simbiosis tétrica que sirve como caldo de cultivo para alimentar a una dictadura que, por una parte, parasita de la violencia social y por otra, llama a “vivir bonito” como una estrategia de propaganda.

Machete y Tragabalas: los hijos de la pobreza que origina la corrupción

Un joven brutal sostiene la historia en un “Atardecer en Venecia”, su nombre es Machete y es capaz de matar a su propia mascota a patadas y de descuartizar a amigos y enemigos a machetazos.

Un monstruo astuto pero primitivo, temperamental, temerario y con un sentido espartano en defensa de su territorio y su pandilla, que viene a sustituir a la familia sanguínea que lo lanzó desde niño a la pobreza y violencia. De limitada inteligencia, logró desarrollar un instinto de sobrevivencia basado en la desconfianza y el temor a ser traicionado.

Tragabalas es el producto perfecto de una familia paupérrima que le enseñó desde la infancia el recurso de la violencia como camino a la sobrevivencia. Un demonio ambicioso y desalmado, implacable en la protección de su territorio.

Es de temperamento frío y mentalidad maquiavélica. La curiosidad lo eleva sobre los demás pandilleros y su afinidad macabra por coleccionar cadáveres en el amplio lote del asentamiento, donde reina entre la miseria y la violencia, lo destacan como un ser siniestro.

Arquímedes Gónzalez construye a "Machete" un chavalo proveniente de las pandillas, que como muchos fue utilizado por Frente Sandinista de Liberación Nacional, FSLN, para apoderarse de las calles con violencia en defensa de sus intereses partidarios.
En 2008, cientos de jóvenes armados con piedras, palos y machetes se apoderaron de la capital para impedir la marcha de grupos opositores liberales que señalaban un fraude electoral en los comicios municipales del 9 de noviembre.
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Machete y Tragabalas, dos reflejos de los actores de la represión dictatorial en Nicaragua

Para Arquímedes González sus personajes marginales podrían representar a los verdaderos actores de la represión en Nicaragua, a menudo desconocidos por la mayoría. Figuras como Fidel Moreno y miembros de la Juventud Sandinista, muchos de los cuales provienen de entornos marginales, por ejemplo, han sido instrumentalizados por la dictadura Ortega-Murillo para sembrar el terror y reprimir a la oposición desde 2008.

Estos individuos han visto en la represión una forma de mejorar su estatus social y económico. En el caso de Tragabalas, por ejemplo, él usa su pandilla para reprimir protestas, sabiendo que la violencia puede abrirle oportunidades económicas y políticas.

González quisó  retratar la Nicaragua real, la que se oculta tras la propaganda oficial que pinta al país como un lugar maravilloso, en donde la pobreza y marginación son usadas por la dictadura para su beneficio, convirtiéndose en el caldo de cultivo perfecto para la violencia y represión.

“En Nicaragua los asentamientos marginales, donde crecen personajes como Machete y Tragabalas, son ignorados oficialmente, pero son cruciales para entender la dinámica de violencia del país” señala Arquímedes.

Aunque Atardecer en Venecia es una obra de ficción, mi trabajo como periodista me dio una visión profunda de estos mundos. Conocí a muchas personas que se convirtieron en la inspiración para estos personajes. Además, he observado cómo estos asentamientos y sus habitantes han sido explotados por el poder. Mi experiencia personal y profesional me permitió capturar la esencia de estos personajes y su entorno.

“Las Pandillas” un tema que se ha ocultado en Nicaragua

Las pandillas siempre han estado aquí. Tuvieron un origen similar a lo ocurrido en los otros países de Centroamérica, la diferencia es que acá no se les permitió desarrollarse y expandirse de la misma forma, porque en pasadas décadas hubo un esfuerzo de prevención y educación con los grupos juveniles desde la sociedad civil.

Nunca hubo una política de mano dura, sino de desinterés estatal, así que no llegaron a estructurarse como funcionan las maras en los otros países. En Nicaragua hay un mito de que las pandillas no existen, pero todo mundo sabe que están los asentamientos como Venecia, que son tugurios revestidos de nombres rimbombantes, donde existe toda la miseria humana que describe la novela.

Entonces es falso que no hay pandillas y yo sí puedo decirlo de primera mano porque yo estuve ahí en esos asentamientos, como periodista; viví en una colonia rodeada de asentamientos y como periodista cubrí nota roja y constaté todas las brutalidades que ocurrían en los asentamientos y barrios donde la policía no entraba.

En Nicaragua de antes de 2018 la pobreza y la marginación eran una constante. A pesar de la propaganda oficial, Nicaragua sigue siendo uno de los países más pobres de América Latina.

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La dictadura ha perpetuado y explotado esta pobreza para mantenerse en el poder, utilizando jóvenes pobres como paramilitares, dándoles armas para asesinar a estudiantes, campesinos, asaltar periodistas y matar a civiles y eso es algo que he querido reflejar en mi novela.

Arquímedes González un radiólogo social con pluma literaria

La novela es una radiografía de una Nicaragua que la dictadura quiere enterrar bajo su propaganda de felicidad y paz. Es una llamada de atención sobre la desigualdad y la miseria que sigue vigente.

Desde la vuelta al poder del sandinismo en Nicaragua en 2007, las pandillas han sido controladas por la Policía para fines políticos, recordá aquel fraude electoral del 2008, cuando la población salió a protestar la policía organizó a las pandillas, les puso camisetas del Frente, les dio drogas, alcohol y les dio licencia para asaltar, atacar y reprimir.

En esta novela, trato de ubicar el origen que explica de dónde surgieron los paramilitares, las fuerzas de choque y las turbas que salieron a asesinar a los estudiantes y campesinos junto a la policía en 2018.

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En la novela incluso los pandilleros y personajes principales del relato llegan a participar en la reunión del Parque Japónes en Managua donde Rosario Murillo le transmitió a Fidel Moreno la orden de “vamos con todo”, la frase que dio inicio de a las masacres durante las protestas de 2018 que dejaron a 355 personas asesinadas por protestar en contra del régimen sandinista a manos de fuerzas policiales, paramilitares (civiles armados por ordenes gubernamentales).