RELATOS DE EXILIO: LA CONSECUENCIA DE LA CRISIS POLÍTICA NICARAGÜENSE

León, Nicaragua.- La familia Lacayo Martínez nunca imaginó que luego de despedirse de Carlos Francisco, semanas después, recibiría una llamada en la que se les informaba que desde el 19 de julio de 2021, éste estaba secuestrado y sólo sería liberado si pagaban un rescate por él.

Cinco semanas habían pasado desde la salida Carlos Francisco de Nicaragua rumbo a Estados Unidos, siguiendo el camino del todavía no tan desmitificado “sueño americano” que para los y las centroamericanas una vez cruzado el istmo se vuelve un sorteo de suerte que enfrenta diversos peligros, la “trata de personas” ejecutada por el crimen organizado en territorio mexicano.

Luego de conocer la noticia de que  Carlos Francisco estaba en manos de tratantes de personas en una ciudad fronteriza de México, Miguel Ángel Lacayo Martínez, se sintió responsable de conseguir la liberación de su hermano menor.

Inicialmente, los captores solicitaron seis mil dólares a cambio de la liberación del joven. Con el pasar de las semanas incrementaron el rescate a ocho mil dólares explicándoles que así asumían los costos de alimentación de Carlos durante su cautiverio, en ese momento aceptaron que vivían una pesadilla.

Miguel Ángel recuerda “mi hermano, llegó dos días antes de partir a comunicarnos que próximamente viajaría con un coyote en busca de nuevas oportunidades” y señala que vio tan entusiasmado y decidido a Carlos Francisco que no pudo negociar su partida con él o intentar hacerlo cambiar de opinión.

“Todavía no sé por qué se iba de esa manera si él tenía su buen trabajo acá en León y no le iba mal” se cuestionó Miguel Ángel al enterarse a través de las redes sociales de amistades que eran familiares de otros jóvenes también secuestrados junto a Carlos Francisco por la misma red de tratantes “los muchachos me dijeron que efectivamente habían caído con el Cártel del Golfo. El mismo coyote los entregó a los federales de México y estos los entregan a los cárteles, asi operan” afirma Miguel Ángel.

Carlos Francisco Lacayo Martínez de 25 años de edad, permaneció varios días secuestrado, sin embargo su familia tuvo conocimiento tres semanas después de ser raptado. “El primero en conocer del secuestra de mi hermano fue un tío que vive en Estados Unidos. Mi hermano les dio su número era el único número que se sabía de memoria y los hombres se comunicaron con él. Sin embargo, mi tío pensó que todo se trataba de una broma de mal gusto  y no nos dijo nada a la familia” explica Miguel Ángel y recuerda que a las tres semanas del secuestro, Carlos Francisco fue puesto al teléfono por sus captores y llorando, rogó a su tío por su liberación. “Mi tío cuando escuchó a mi hermano supo que no era broma e informó a nuestra familia en Nicaragua”.

CUANDO EL DINERO SE CONVIERTE EN VIDA O MUERTE

La familia Lacayo, primero contempló hipotecar su vivienda para reunir la cantidad de dinero a cambio de la liberación de Carlos Francisco “en un momento de desesperación, mi madre contactó a un abogado para iniciar el trámite para empeñar la casa, pero no se pudo. Nos pedían muchos requisitos y poner en orden el papeleo nos demoraría mucho tiempo. La casa está a nombre de cinco hermanos de mi mamá y dos de ellos viven en Estados Unidos no lograríamos obtener todas las firmas requeridas”, rememora Miguel Ángel.

Así iniciaba el proceso de angustia y ansiedad para la familia Lacayo Martínez quien en colectivo se prometió  “hacer  todo lo que estuviera en sus manos para reunir el dinero”.

Desde la primera llamada, las madrugadas eran un suplicio para Miguel Ángel “los secuestradores sólo se comunicaban conmigo en horas tempranas” en ese momento él recibía información sobre Carlos Francisco y aprovechaba para tratar de negociar el monto del secuestro aunque siempre fue imposible “yo les rogaba que no lo golpearan porque estábamos haciendo lo imposible para reunir todo el dinero. Fue un duro golpe. Era una cantidad que sinceramente se salía de nuestras manos, aunque estábamos dispuestos a reunirla” recuerda aún golpeado Miguel Ángel.

“Al inicio nos pedían seis mil dólares, pero al momento que observaban que nos estábamos pasando de tiempo me sumaban otros gastos y la cifra iba aumentando”, recordó Miguel Ángel y señala que cada día que pasaba los secuestradores le enviaban un número de cuenta distinto para realizar el depósito. “A mí, esa gente me proporcionó más de veinte números de cuentas para depositarles el saldo. Cada noche, yo enviaba un mensaje y les pedía que no lo lastimaran. Porque mi hermano es asmático y temía que sufriera una de sus crisis en cautiverio”.

Shary de los Ángeles Martínez López, madre de Carlos Francisco nunca perdió la fe de volver a abrazar a su hijo “estamos haciendo todo lo imposible para liberarlo. Yo solo quiero que esta pesadilla termine”, dijo Martínez mientras invitaba a la comunidad de León a participar en una de las numerosas actividades que la familia y amistades realizaban en  su vivienda o el parque central para la recaudación de los ocho mil dólares. Durante quince días consecutivos trabajaron sin descanso para garantizar la liberación y vida de Carlos Francisco.

Desde esas declaraciones de Shary Martínez, explotaron de las redes sociales, la familia promovió rifas, ventas de patio, tómbolas y hasta un hablatón que sumo los esfuerzos comunitarios para reunir la suma del rescate.

El 16 de agosto Miguel Ángel confirmaba a los tratantes que ya había depositado el total de la suma impuesta, luego de esa conversación solo se quedó con la palabra de promesa que su hermano sería liberado en las próximas horas.

La red está organizada: de Estados Unidos a México

Debido a que los tratantes establecían que el dinero no se podía enviar directamente a México, la familia Lacayo Martínez debió enviar el pago a Estados Unidos allí, le explicaron,  “alguien de confianza” lo reenviaba a México. “Había un tipo que se comunicaba conmigo y  me dijo que no me preocupara que él me daba su palabra que mi hermano sería liberado en las próximas horas”, recordó. Los tratantes se quedaron con su dinero y él con la palabra de un secuestrador.

Tras 24 horas de completar la suma total del rescate, Miguel Ángel recordó  que  los captores se comunicaron con él y le informaron que su hermano sería dejado en libertad  de lado de Estados Unidos. 

Para el 17 de agosto, la voz que realizaba el cobro del rescate se había desaparecido y el temor aumentaba en la familia Lacayo Martínez. “Todavía no sabemos nada. No nos llaman. No nos dicen nada” recuerda explicarle a su familia Miguel Ángel.

Fue hasta el final de la tarde que el captor con el que Miguel Ángel se comunicaba le envió una foto de su hermano menor, como evidencia que estaba próximo a ser llevado a la frontera para abandonar México y cruzar hacía Estados Unidos.

“Al final, solo  nos quedó como familia confiar en Dios y luego en la palabra de esos secuestradores. Es una red bien organizada pero no sabemos quién era el cabecilla. Tampoco tenía como denunciar a alguien porque ellos se cuidan de dejar rastros” explica Miguel Ángel y señala que lo único que recibió como prueba de la existencia de los tratantes fue la fotografía de su hermano “yo pedí la foto y me la enviaron en tiempo real porque quería que me garantizaran que lo iban a dejar libre”.

El 17 de agosto y a través de redes sociales y en agradecimiento a la comunidad que lo apoyo económicamente, Miguel Ángel anunciaba que su hermano había sido liberado y llevado al otro lado (Estados Unidos) por sus secuestradores.

La incertidumbre de un dolor en vano

Carlos Francisco, fue entregado a las autoridades migratorias estadounidenses y mientras espera detenido desconoce si pueda aplicar para el beneficio de asilo político o como decenas de nicaragüenses será repatriado convirtiendo su amargo viaje en un esfuerzo en vano.