José Daniel Ortega Saavedra, es un fiel exponente de la evolución del mal y de un “liderazgo político” históricamente frágil, pues prácticamente nació de un “libretazo”, como señala el periodista Fabián Medina en su libro El preso 198. Un hombre que posee el rostro tenso de un eterno perdedor, siempre muestra "confuso, molesto y preocupado". Galería News te lo muestra en imágenes.
ÓSCAR NAVARRETE / ABIGAIL HERNÁNDEZ
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La historia política de Daniel Ortega está plagada de infortunios. En 1975, por ejemplo, Carlos Fonseca lo expulsó del Frente Sandinista de Liberación Nacional junto a su hermano Humberto Ortega, por considerarlos “divisionistas”. A pesar de ello y de muchas tretas políticas entre los liderazgos sandinistas, en 1979 fue impuesto como Coordinador de la Junta de Gobierno.

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Daniel Ortega fue designado coordinador de esa Junta en una jugada en la cual los terceristas buscaban colocar a sus cuadros en los mejores puestos de poder. Todo indica que fue escogido Ortega y no otro para ese cargo por su propio carácter, menos dado al protagonismo, e incluso, como diría otro miembro de la Junta, Moisés Hassan, por ser “medio atontado, todo lento y sin haber tenido la relevancia que tenían los otros” comandantes y por lo tanto un personaje que no despertaba recelos en la fuerte y sorda lucha de egos que se daba a lo interno de la Dirección Nacional unificada, compuesta por nueve comandantes, tres por cada una de las tres tendencias.

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Humberto Ortega mete a Daniel en la Junta como un libretazo. Todas las coordinaciones se hacían por radio, y al anunciar Humberto la designación de Daniel se tomó como una decisión de la Dirección Nacional. “Humberto sabía que una vez que eso se anunciara no se podía echar para atrás”, dice Sergio Ramírez. Se produce incluso, una conversación muy virulenta entre Humberto y Jaime Wheelock, quien le reclamaba que ese no era el acuerdo; nadie de la Dirección Nacional iba a entrar en la Junta. Dice Ramírez: “Que Daniel sea apocado es lo que les va dando confianza a los otros. Pero no es por eso que entra. Entra porque es hermano de Humberto”. Juntos tenían mucho poder. Humberto se reserva el Ejército y coloca a Daniel en lo que él llamaba “la parte civil”.

Un poder que por más de 40 años ha sostenido a través de la fuerza militar y la manipulación de la “imposición” para mantenerse a flote, nunca ha ganado elecciones democráticas sin que la treta y el engaño lo acompañen. Un esfuerzo constante que se ve en su rostro tenso, de risas fingidas, tristes y nerviosas.

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25 de abril de 1990: Violeta Barrios de Chamorro da inicio a las derrotas electorales de Daniel Ortega frente a la democracia. Y lo inicia en el camino de un eterno perdedor electoral.

Las elecciones de 1990 pusieron fin a la polémica «Revolución Sandinista» con la victoria de la Unión Nacional Opositora, que obtuvo el 55% de los votos, ganando mayoría absoluta en la Asamblea Nacional. Una histórica participación electoral del 86%. A pesar de la campaña electoral del sandinismo Daniel Ortega fue arrasado en las urnas electorales demostrando que no era un candidato viable para el país.

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2da. derrota
1996: Daniel Ortega pierde elecciones frente a Arnoldo Alemán que junto al partido Liberal se impuso con el 51.99% de los votos .

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3ra. derrota
Daniel Ortega, perdió su tercera elección presidencial ante una aplastante victoria de Enrique Bolaños Geyer, del Partido Liberal Constitucionalista, quien obtuvo el 56% de los votos y dominó el legislativo con una mayoría absoluta de 49 escaños. La participación electoral fue del 73%
Cortesía
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Después de 16 años intentando regresar a la presidencia, Ortega lo logró en las elecciones de noviembre de 2006

Arnoldo Alemán, líder del Partido Liberal Constitucionalista (PLC), acuerda con Ortega bajar el piso electoral, de 45% a 35% de votos como mayoría para llegar a la presidencia.  Un cambio en la  Ley Electoral que le regala la presidencia.

Tras el pacto, quedó definido que en Nicaragua gana la presidencia aquel candidato que obtenga el 40% de los votos en primera vuelta o bien con el 35% si hay una diferencia de al menos 5% sobre el segundo lugar. Una reforma hecha a la medidad de un Daniel Ortega que se le dificultaba sobrepasar el 35% de votos.

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